Autismo y arquitectura: sobre el conocimiento del entorno físico en las personas con autismo.
Fecha de publicación: junio del 2011.
Síntesis:
Las particularidades humanas van más allá de los pensamientos, la personalidad y sobrepasan toda cualidad física. Esta diversidad es propia de nuestra especie y no determina que las personas con diferencias físicas o mentales pertenezcan a otro orden, pero sí establece condiciones específicas de relacionarse con el medio.
Las vertientes donde se une el autismo con la arquitectura, son caminos que llevan hacia la compresión de estas formas peculiares de interacción con el entorno. Podríamos mencionar como ejemplo la concepción del espacio físico-social o las implicaciones que tienen algunas conductas en las relaciones espaciales. Nosotros, caminado sobre esta misma senda, decidimos estudiar un punto clave de este nexo entre autismo y arquitectura: el conocimiento del entorno físico.
En la siguiente comunicación analizamos las repercusiones que pueden tener los trastornos de espectro autista, sobre la manera cómo las personas con autismo conocen el contexto físico, y por consiguiente la arquitectura. Planteamos que algunos síntomas del autismo como la débil coherencia central y la insistencia en la identidad, intervienen en la ejecución de ciertas tareas espaciales que se realizan a partir del conocimiento del entorno. Basados en esto, llegamos a concluir que ante una forma particular de comprender el medio físico, deben proyectarse soluciones arquitectónicas adecuadas.
Con nuestro escrito no pretendemos que el arquitecto haga de psicólogo, ni tampoco queremos sugerir que la arquitectura debe limitarse únicamente a resolver aspectos de las ciencias sociales; pero sí esperamos que nuestras líneas colaboren a fortalecer el diálogo entre la psicología y la arquitectura.
no percibimos simplemente un mundo común a todos nosotros, como sostienen algunos ingenuos hombres prácticos y realistas, sino mundos diferentes que son producto de nuestras motivaciones y experiencias anteriores.1
Las relaciones entre seres humanos y su adaptación-modificación del medio, pueden constituir una trama infinita de complejidades y contradicciones. Algunos aspectos de la existencia del individuo, tan básicos como la socialización entre personas y la relación con el medio ambiente, son capaces de generar tantas interrogantes como para dedicar una vida entera a responderlas.
Se dice que algunos campos de estudio deberían estar al servicio del hombre, pero también se preguntarán; ¿Quién es este hombre al que deben servir? ¿Acaso existe un ente prototípico al cual tiene que favorecer la inteligencia? La razón basada en estándares, parece perder su fuerza cuando la naturaleza de creación del ser humano, configura estructuras mentales que se encuentran muy lejos de pertenecer a un mismo tipo.
Esas personas a las que llaman autistas, esos misteriosos individuos que parecieran tener otro tipo de mente; son seres particulares. Notamos su singularidad en el aislamiento y la indiferencia hacia lo que los rodea. En su “soledad autista” expresan una inexplicable especie de encapsulamiento, es como si no pertenecieran a este mundo; se nos muestran ausentes, retirados, desentendidos: raros. Las personas con autismo se encuentran tan ensimismadas, que podríamos pensar que no atienden a la constitución del entorno físico. Pero, ¿Será esto así realmente? ¿Estarán, estos individuos, tan concentrados en sí mismos como para que el contexto físico no intervenga sobre ellos? ¿Conocerán el espacio físico de la misma manera que las personas consideradas normales?
Leo Kanner en 1943 definió el autismo según tres síntomas que identificó como nucleares o cardinales: la soledad autista, el deseo de preservar la invariancia y los islotes de capacidad. Esto dio paso para que después de varios años de investigación, se llegara a establecer que las personas con autismo se caracterizan con base en tres aspectos: las interacciones sociales, la comunicación y la inflexibilidad. Dichos síntomas siempre deben estar presentes en cualquier diagnóstico de autismo2, pero ello no significa que todos los casos sean iguales: un síntoma que es leve en un individuo puede ser grave en otro. Esto nos conduce reiterar sobre la inexistencia de un tipo estándar de ser humano que habita nuestras casas y ciudades, y nos plantea la posibilidad de que existan diferentes maneras de interactuar con el espacio físico.
Por otro lado está la arquitectura; esta legendaria actividad que siempre ha estado relacionada con la cultura y la sociedad, se encuentra inevitablemente vinculada a la existencia humana. En diversas condiciones, el ser humano ha tenido la necesidad de modificar el contexto físico en busca de su beneficio; y con ello vio nacer lo que hoy conocemos como arquitectura.
Según William Morris, la arquitectura es el conjunto de modificaciones y alteraciones producidas en la superficie de la tierra para satisfacer cualquier necesidad humana, exceptuando el desierto. Lo cual implica que esta actividad abarca desde las modificaciones del paisaje, cuando estas son resultado de la intervención humana, hasta las ciudades y edificios incluyendo lo que hay dentro de ellos.
No hace falta navegar por las múltiples definiciones de arquitectura que existen, para advertir que ella es la encargada de configurar el entorno físico de acuerdo con las características, diferencias y particularidades del ser humano. Este propósito nos motivó para que quisiéramos explorar un punto clave donde se fusiona la arquitectura con sus usuarios: el conocimiento del entorno físico.
De tal manera que entendiendo la arquitectura como cualquier modificación del medio físico y a sus usuarios como seres humanos “no-estándar”, las siguientes líneas pretenden demostrar que las particularidades mentales de la condición autista, influyen en la manera en cómo las personas con autismo conocen el espacio físico y por consiguiente la arquitectura.
Para lograr nuestro objetivo, primero definiremos lo que se entiende por conocimiento del medio y las tareas espaciales que se ejecutan a partir de ello. Luego expondremos los síntomas del autismo que podrían estar implicados en este “llegar a conocer el entorno físico”. Y finalmente, estableceremos una vía de comprobación empírica, que puede llegar a verificar nuestros supuestos y brindar información valiosa que ayude a diseñadores y arquitectos en los proyectos destinados a personas con autismo.
El vital proceso de conocer el entorno físico
Una ciudad, un edificio de oficinas o una casa, con sus colores, sus texturas, sus olores y sonidos; es percibida por todas las personas de manera relativamente similar. Pero si entre quienes la perciben existe alguien que de antemano ha estado en alguno de estos lugares y los conoce, el o ella podría identificar en dichos sitios algunos aspectos que no están siendo percibidos en ese momento.
Quien conoce una ciudad o un edifico, incluso con solo ver una fotografía, puede advertir la relación de estos lugares con otros, y la existencia de caminos y áreas circundantes, que en ese momento no está viendo. De la misma manera, varios amigos que van de paseo por la cuidad, pueden estar observando las mismas calles, plazas y edificios, pero tal vez no todos entienden lo mismo de lo que ven, incluso algunos podrían estar desorientados o perdidos mientras que otros no.
Conocer y percibir el medio físico son dos cosas diferentes que se enlazan durante el proceso de relación del ser humano con el entorno. La percepción es un proceso relativamente estable e instantáneo que depende del alcance de nuestro sistema sensorial, mientras que conocer es aprender de lo que se percibe.
El conocimiento del medio se realiza a través de una estructuración cognoscitiva que ordena y dota de sentido lo que se percibe. Salvo en casos especiales, es menos probable que existan variaciones en la percepción del entorno que en su conocimiento, lo cual permite que a partir de aspectos fijos de la percepción del entorno como son: luz y sombra, calles y plazas, vacíos y llenos, se pueda analizar la forma en cómo se estructura y organiza esta información en la mente.
Cognición es la acción de llegar a conocer. Cuando ésta se refiere al medio físico, se le conoce como cognición espacial. La cognición espacial es el proceso de creación de estructuras psicológicas mediante las cuales el ser humano adquiere, codifica y decodifica la información que recibe del entorno físico. Estas estructuras se forman a partir de las distancias relativas y las direcciones que vinculan entre si los distintos elementos del medio.
Por lo tanto, conocer el medio físico siempre va a implicar que el ser humano sea capaz de construir esquemas cognoscitivos a partir de la información que obtiene del entorno. Estos esquemas le permiten enlazar las distintas visiones instantáneas y parciales que adquiere mediante sus sentidos, para unificarlas dentro de un sistema general y coherente que le da sentido a lo que se percibe. Es gracias a estos esquemas cognoscitivos que podemos orientamos, desplazarnos y comprender la organización del entorno, es por ello que conocer el medio es un proceso de vital importancia a la hora de operar en el mundo.
Entre otros aspectos, el conocimiento del entorno físico, (o cognición espacial) nos permite realizar varias tareas espaciales como las siguientes:
- unir cognoscitivamente el tiempo y el espacio, lo que posibilita anticipar y predecir el entorno
- crear una matriz estable de experiencias ambientales, que favorece la integración de nuevas experiencias con experiencias pasadas
- implementar cualquier estrategia de comportamiento espacial, entre ellas la acción y la planificación
Una vez alcanzado este punto, seguramente el lector se estará preguntando: ¿dónde reside la particularidad del conocimiento del entorno físico en las personas con autismo? En ese camino nos dirigimos.
Coherencia central, insistencia en la identidad y anticipación en el conocimiento del medio
De acuerdo con las condiciones cognoscitivas del autismo, el entorno físico puede convertirse en algo inmanejable, impredecible y completamente desarticulado. El autismo es más que un déficit social. Las condiciones autistas también incluyen una inflexibilidad cognitiva que es conocida como: síntomas “no sociales” del autismo, la cual podría provocar que el medio físico sea algo caótico.
Dentro de esta inflexibilidad, existen tres conductas que sugieren particularidades en la cognición espacial de las personas con autismo: la preferencia por los detalles sobre el procesamiento global, la insistencia en la identidad y las dificultades en la anticipación y la planificación.
Analicemos primero la preferencia por los detalles sobre el procesamiento global. Según la teoría de la Débil Coherencia Central, las personas con autismo tienen una inclinación a enfocarse en las partes y en los detalles, en lugar de atender al conjunto o globalidad. En este estilo de procesamiento de la información, los datos son tratados de forma segmentada y fuera de contexto, por lo que se encuentran desarticulados de cualquier conjunto, esquema o estructura a la que pertenezcan.
Este síntoma podría implicar que las personas con autismo tienen problemas para organizar de forma global y coherente, los distintos elementos que conforman el espacio físico. De ser así, en el autismo existiría una dificultad para conocer el medio a partir de la creación de un esquema cognoscitivo central, donde los diferentes componentes del entorno (que son recordados o percibidos en un momento dado) se integran unos con otros dentro de una organización general.
La desorientación y la búsqueda de ruta mediante claves visuales pueden evidenciar esta particularidad en la cognición espacial. Además, dichas claves visuales, que en algunas ocasiones se usan para estructurar los ambientes destinados a personas con autismo3, podrían estar en función de ayudar a estos individuos a dotar de coherencia general un entorno físico determinado.
Otro aspecto que consideramos importante para nuestro planteamiento, es la marcada resistencia a que se produzcan cambios en el medio. Este síntoma del autismo se conoce como insistencia en la identidad, y consiste en una necesidad de que todos los elementos del entorno, se mantengan de la misma manera que fueron experimentados por primera vez, sin que se altere su secuencia, su orden o su posición espacial.
La insistencia en la identidad apunta también a una particularidad en la cognición espacial en el autismo. Según mencionamos antes, el conocimiento del entorno físico permite a las personas integrar las nuevas experiencias ambientales con las experiencias anteriores. Esto debido a que los componentes del medio están organizados dentro de una estructura cognoscitiva estable y flexible, que facilita la incorporación de nueva información mientras se modifica la anterior.
La estabilidad, coherencia y flexibilidad de este esquema cognoscitivo, (mediante el cual conocemos el medio) posibilita que aceptemos algunos cambios en el entorno físico como por ejemplo: cambios en el mobiliario, en la pintura de las paredes o en el tipo de cortinas. Dichas variaciones son aceptadas porque tanto la estructura general del medio, como la organización interna de cada espacio, puede ser actualizada sobre la base del esquema cognoscitivo original sin que se desarticule.
Esta resistencia a los cambios podría revelar particularidades en el conocimiento del medio físico en el autismo. La dificultad para integrar información nueva del entorno, sugiere que los datos ambientales en el autismo se organizan de forma inestable, rígida e inflexible, en lugar de conformar una estructura central, general y coherente que permita la integración de experiencias espaciales nuevas.
Finalmente, las particularidades en la anticipación y en la planificación abren otro panorama para explorar la cognición ambiental en el autismo. Estos síntomas se refieren a problemas para anticipar eventos espaciales y para planificar la acción. En este sentido nos interesa resaltar la dificultad que tienen las personas con autismo para comprender las claves del medio que brindan información sobre lo ocurrido y sobre lo que va a ocurrir en el entorno.
Antes mencionamos que a partir del conocimiento del entorno físico integramos mentalmente el tiempo y el espacio, y que esto nos permite anticipar y predecir los acontecimientos espaciales. Esto se debe a que en el proceso de conocimiento del medio, establecemos elementos físico como puntos de referencia, y basados en las conexiones entre ellos podemos adelantarnos o devolvernos en el espacio-tiempo.
Al unir cognoscitivamente el tiempo y el espacio, estamos conformando un esquema general construido por la relación coherente entre varios lugares. Este esquema global se compone de direcciones y distancias estimadas que vinculan varios lugares. Aunque estas distancias y direcciones no sea precisas y varíen de persona a persona, nos permiten predecir o anticipar los acontecimientos espaciales y planificar recorridos, y con ello evitar la angustia que provoca el desconocimiento del entorno.
Para hacerle frente a las dificultades en la anticipación, Javier Tamarit Cuadrado y otros, realizaron el proyecto P.E.A.N.A. (Proyecto de Estructuración Ambiental en el Aula de Niños Autistas). Con este proyecto pretendían proporcionar información ambiental que ayudara en la anticipación de eventos espaciales.
El proyecto consistió en la intervención de un centro escolar mediante carteles, símbolos, colores para diferenciar los pisos del edificio, fotos de personas, pictogramas, etiquetas en sillas y mesas. Con esta señalización espacial buscaban ayudar a los niños a controlar el medio y favorecer así su autonomía personal y social. También pretendían mejorar las competencias de predicción y planificación de la acción futura y generar un marco ambiental que permitiera el aprovechamiento de aprendizajes incidentales.
De esta manera, se establece en el autismo la existencia de una problemática en cuanto a la anticipación del entorno físico. Nosotros proponemos que dicho aspecto puede estar relacionado con los procesos de conocimiento del medio físico, en particular con la integración del los componentes ambientales dentro de una estructura espacio-temporal coherente.
La preferencia por los detalles sobre el procesamiento global, la insistencia en la identidad y las dificultades en la anticipación y la planificación presentes en el autismo, nos hicieron valorar la posibilidad de que existan particularidades en el conocimiento del espacio físico dentro del autismo. Pero ante tal suposición, podríamos quedar de brazos cruzados si no encontráramos una vía de comprobación empírica. En este sentido, realizar un estudio de mapas cognitivos en grupos de individuos con autismo, podría revelar información que confronte nuestros planteamientos.
Los estudio de mapas cognitivos: una vía de comprobación
Los estudios de mapas cognitivos revelan la manera en cómo las personas conocen el entorno físico. Estas investigaciones se han realizado en varios ambientes como: casas, pequeñas ciudades, diversas zonas urbanas y hasta en la totalidad de la tierra. El dibujo de mapas o croquis, la creación de maquetas, la exposición de diapositivas y la estimación de distancias, son las técnicas que más se utilizan en este tipo de estudios.4
Las aplicaciones de los trabajos de mapas cognitivos van desde la realización de mejoras a las interfases de programas informáticos basados sistemas de información geográfica (GIS), hasta la educación geográfica para niños. También se utilizan en operaciones de rescate, para mejorar la cartografía y hasta para analizar su influencia en los mundos imaginarios.5
De forma generalizada, la utilidad de los estudios en mapas cognitivos se puede dividir en dos vertientes: los valores teóricos y los valores prácticos. Los valores teóricos se concentran en la compresión de las diversas influencias que intervienen en el comportamiento espacial, mientras que los valores prácticos analizan la manera en cómo las personas comprenden el mundo, para que a partir de los resultados que se obtengan, sea más fácil planear, diseñar y manejar mejor el ambiente.
En este sentido, algunos profesionales se han encargado de analizar los entornos de ciertos grupos de personas que requieren condiciones ambientales específicas, como por ejemplo:
- Ambientes para niños: según los estudios en este campo, se ha llegado a establecer que los niños y los adultos entienden y usan el ambiente de diferente manera. Por ejemplo los patrones de comportamiento son muy diferentes. En los niños tiene mayor presencia el juego y el aprendizaje, que en los adultos. Estas investigaciones han sido útiles tanto para los psicólogos como para arquitectos. El trabajo realizado por Lynch en 1977: Growing Up in Cities,6 es un ejemplo de aplicación en este sentido.
- Ambientes para personas de la tercera edad: estos estudios se han enfocado en comprender cómo las personas de la tercera edad conocen los nuevos ambientes. Según estas investigaciones se cree que con la edad decrece la habilidad para aprender y encontrar las rutas (o caminos) en el entorno, y que esto puede afectar la calidad de vida de las personas mayores. De acuerdo con ello, una posible solución es descubrir los mapas cognitivos en estas personas, para diseñar entornos más adaptados a su aprendizaje espacial. Algunos estudios que han sido útiles en este sentido son los de Ohta y Kirasic. 7
- Ambientes para personas con necesidades especiales (discapacidades físicas y mentales): de acuerdo con estos estudios, los individuos con necesidades especiales por lo general comprenden el ambiente de manera distinta. El objetivo de investigar en este campo es mejorar el estilo de vida de estos grupos, hasta el punto donde ellos puedan desplazarse seguros, estar confortables, y algo muy importante en estos casos, adquirir cierto grado de independencia. Para ello se plantea que estos individuos deben poseer un mapa cognitivo básico, que les permita saber dónde están, dónde están sus metas y cómo llegar a ellas. Lo que requiere que las personas alcancen las habilidades motoras, perceptuales y representacionales, o sea que construyan el conocimiento cognitivo del entorno.
Los trabajos de Golledge, Parnicky y Rayner8 sobre los mapas cognitivos en personas con síndrome de Down, son buenos ejemplos en este sentido. Mediante sus estudios, estos investigadores pretendían mejorar el tratamiento y la educación y descubrir cuáles elementos del entorno facilitaban o impedían el mejor uso del espacio, para así brindar detalles específicos a los diseñadores y lograr una mejora en la competencia de los comportamientos ambientales
La importancia de los estudios de mapas cognitivos para comprender la manera en cómo algunas personas con ciertas características mentales conocen el entorno físico, nos plantea la necesidad de realizar investigaciones similares para el caso del autismo. De esta manera, se revelaría la forma en cómo las personas con autismo conocen el espacio físico, y dicha información podría ser utilizada para enriquecer los proyectos arquitectónicos destinados a estos individuos.
Las múltiples interrogantes diarias que surgen cuando observamos el mundo que nos rodea, fueron el motor que impulsó este escrito. El deseo de inmutabilidad, el aislamiento, la frialdad, el uso el lenguaje, la indiferencia hacia los demás; son conductas que inevitablemente nos generan intriga. Los enigmas que suscita la presencia del autismo en las personas, pueden llevarnos a buscar respuestas que nos ayuden a comprender mejor lo que no desciframos a primera vista. Pero también, estas explicaciones nos pueden hacer olvidar que se trata de personas; de individuos que son más que autismo y que al igual que todas las demás personas, habitan el mundo.
A pesar de que nuestro análisis no puede ser considerado como una verdad absoluta, consideramos que los párrafos anteriores se suman a las iniciativas que buscan comprender mejor la relación entre las personas con autismo y el medio ambiente. Tal vez con esto hayamos logrado nuestro principal propósito: contribuir a que la arquitectura trascienda hacia la concepción de un fenómeno psicológico y humano-social como es el autismo.
Notas:
1. Norberg-Schulz, C. (1975). Existencia, espacio y arquitectura. Barcelona: Blume. p. 11.
2. Ver tabla de criterios de diagnósticos del trastorno autista. DSM-IV
3. Un ejemplo de la aplicación de claves visuales es el Proyecto de Estructuración Ambiental en el aula de Niños/as con Autismo (P.E.A.N.A.) que se desarrolló en 1990 bajo la dirección de Javier Tamarit.
4. Para ampliar en este aspecto consultar: Hernández , B y Carreiras, M. Métodos de Investigación de Mapas Cognitivos, citado en Aragonés, J. I. (1998).Cognición ambiental. Psicología ambiental. (pp. 43-58). Madrid: Píramide. p. 47
5. Para ampliar en estas aplicaciones de los mapas cognitivos, referirse a: Jackson, P., & Kitchin, R. (1998). EDITORIAL: APPLYING COGNITIVE MAPPING RESEARCH. Journal of Environmental Psychology, 18(3), 219-221. Y a Kitchin, R. M. (1994). Cognitive maps: What are they and why study them? Journal of Environmental Psychology, 14(1), 1-19.
6. El trabajo se refiere a Lynch, K. (1977). Growing Up in Cities. Cambridge, MA:MIT Press. MacEachren, A. M. (1991). The role of maps in spatial knowledge acquisition. Cartographic Journal, 28, 152-162.
7. Se refiere a los trabajos de Ohta, R. J. (1983). Spatial orientation in the elderly: the current status of understanding. In H. L. Pick & L. J. Acredolo, Eds.,Spatial Orientation:Theory, Research. De Kirasic, K. C. (1991). Spatial cognition and behaviour in young and elderly adults: Implications for learning new environments.Psychology and Aging, 6(1), 10-18. Y de Kirasic, K. C., Allen, G. & Haggerty, D. (1992). Age-related differences in adults macrospatial cognitive processes. Experimental Aging Research, 18(1), 33-39.
8. Se refiere a: Golledge, R. G., Parnicky, J. J. & Rayner, J. N. (1979). An experimental design for assessing the spatial competence of mildly retarded populations. Social Science & Medicine, 13D, 291-295. Y a: Golledge, R. G., Richardson, G. D., Rayner, J. N. & Parnicky, J. J. (1983). Procedures for defining and analyzing cognitive maps of the mildly and mentally retarded. In H. L. Pick & L. J. Acredolo, Eds., Spatial Orientation: Theory, Research
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